sábado, 11 de octubre de 2008

Cementerio

 



Una visita inesperada llega y te pone unas flores y mientras las lágrimas se derraman por su dulce mejilla le reza a lo desconocido para que tu alma esté bien guardada.

Te comenta cómo andan sus últimos tiempos y dónde se han quedado sus últimos anhelos, incluso puede llegar el momento en el que te pida unos favores milagrosos.

Tienes la suerte de que se acuerde de tí, aunque en vida nunca haya apreciado tu presencia, pero ahora que no la tiene a su vera es cuando viene a regalarte las flores.

Ahora, ¿para qué las quieres? Estando como estás, guardado en una hurna de madera, ¿cree que voy a poder hacer lo que no ha hecho por mí cuando aún disfrutaba de vida?

Llorar es lo más cómodo, pero para hacerlo bien hay que saber lamentar. Un vocablo que falta en la boca de mucha gente.

En la foto se puede ver la portada de mis lamentos por no haber conocido a los que yacen bajo su tierra.
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